Zimbabwe, Botswana, Namibia y Ciudad del Cabo.

22 de agosto | Por

Día 7. Zimbabwe, pobreza y alegría se mezclan en autenticidad.

La primera parada a las seis de la mañana fue la frontera de Zimbabwe. Auténtico
infierno de cuatro horas. Marcos me dió una buena lección de paciencia y buenhacer. De vez en cuando resoplaba y quería gritarle a alguno cuando nos decían que otro papel más o pagar más, pero no lo hizo. Tras cuatro horas sin haber desayunado y previopago de cientocuarenta dólares de visado conseguimos pasar la frontera.

Día de mezclarnos con gente lugareña y ver la realidad de este país de imponente pobreza, hicimos fotos a la gente que íbamos encontrando por la carretera, a veces con parada a interactuar con ellos, todos amables y siguiéndonos el rollo, algunos tímidos ante una cámara, otros encantados de ser el centro de tu objetivo. Los niños, todo sonrisas.

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Ni desayunamos ni comimos, todo el camino seguido buscando gasolina en estaciones que íbamos encontrando sin éxito, nada de wifi ni posibilidad de comprar tarjetas sim, fuimos directos al parque nacional Matobo, llamado la casa espiritual de Zimbabwe por su belleza natural.

El parque Matobo o de los matopos es singular por sus colinas y sus montañas de piedras colocadas como si estuviera estudiado que no se pudieran caer, pero al límite y hace un juego de colores amarillos, rojos y marronáceos que junto con la puesta de sol dan ganas de hacer foto cada segundo. Llevamos en el techo del coche a un zimbabuense muy simpático, algo contentillo y alicatado que colaboró a hacernos un vídeo del paisaje y a un grupo de colegiales, todos se dejaron llevar por el espíritu del ser viajero, saludándonos con el grito el ser viajero, viajero, viajero. El colega alicatado pensó que el ser viajero significaba ¨how are you¨ y así se lo explicaba a los chicos, nos inflamos de reir. Lo mismo cuando quieran hablar español y quieran decir ¨how are you¨ dirán elserviajero.

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Finalmente llegamos a nuestro campsite, en Matobo, cerca de una de las montañas, debajo de una de las mismas piedras que se consideran patrimonio de la Unesco, nos quedamos a acampar.

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Al llegar, el lugar estaba lleno de monos babuinos de mi tamaño, hay que tener cuidado porque en cuanto te descuidas te roban hasta los ojos los tíos. También acampaban cerca una pareja de italianos muy simpáticos y unos ingleses, así que, al menos, no eramos los únicos locos. Por fín hacíamos una comida en condiciones en el día. Bajo la luz de las estrellas nos cocinamos, mientras degustábamos un vinito de Sudáfrica, unos espagueti carbonara dedicados a Lour y Manuel, por cierto, riquísimos.

Dia 9 Ruta Zimbabwe- Victoria Falls. Matobo National Park.

Nos despertamos rodeados de babuinos, yo creo que más bien, hemos dormido con todos ellos encima de la tienda. De hecho, en un momento de la noche, tuvieron una pelea de monos brutal y se oían unos rugidos que me tenían en vela, retorciendo de vez en cuando el brazo de Marcos.

En el camping fue gracioso el comportamiento de los vecinos frente a los monos. Los británicos los asustaban valentones con escobas queriendo mostrar su superioridad sin miedo, los italianos estaban como “ah si los monos me dan igual”, como dando también la imagen de que no les tenemos miedo; nosotros, españoles, simplemente expectantes en plan bueno hay que tener cuidado pero tampoco soy el amo de la selva, finalmente se llevaron nuestra basura en cuanto dejamos la zona sola, sin embargo cocinando y comiendo en la mesa ni se acercaban, al final nuestra actitud no era mala ;).

Recogimos y nos fuimos a buscar un sitio donde hacer un buen vídeo del cochecamping. Elegimos la cueva Pomomgwe, la más grande de Matobo park, donde conocimos al guía de la zona que nos animó a entrar al museo pequeñito que tienen allí y explicarnos como vivían en esas cuevas los antepasados San. Lo más bonito era imaginárselos en un día de lluvia con la cascada haciendo de pared blanca y ver las pinturas rupestres que hay en las paredes, que tienen 20000 años de antiguedad.

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Mientras Marcos hacía una de sus fotos timelapse friki de 20 minutos, tuve una conversación muy interesante con Temba, el guía. Nos contó cual era su salario y lo difícil que era sacar adelante tres hijos que tiene viviendo en este país, su sueldo es de 80 dólares al mes. Luego se sorprendió mucho de que Marcos me llevara de viaje sin pagarle nada a mis padres, por lo visto le salgo muy barata jajaja. Y de que no hubiéramos formalizado la situación antes de irnos, aquí es impensable no estar casados y con papeles, pero impensable, Temba no podía creérselo, lo miraba en plan: este caradura…..Nos reímos un rato y nos pidió volvernos a ver algun día, la verdad que la gente en Zimbabwe es realmente tierna.

Día 10. Camino a Victoria Falls.

Zimbabwe, a pesar de su horrible pobreza, aunque cueste creerlo, es un país de colores y alegría: carreteras llena de árboles de colores, jacarandas a punto de florecer, algunas ya moradas; árboles verdes, amarillos y rojizos, paradas con gente lugareña descansando, familias vendedoras de racimos de zanahorias con un color naranja vivo precioso, mujeres zimbabwenses se protegen del sol con unos sombreros de ala ancha de colores que les dan un estilo personal muy chic, puestos de policías muy simpáticos que te saludan y te dicen que adelante a excepción de algún corrupto que te pone multa con mínima excusa, diez dólares es el precio de esa vulnerabilidad.

_DSC1702Disfrutamos mucho de la experiencia de la vida en las carreteras y de fotografiarlo.

Finalmente llegamos a Victoria Falls de noche. Es un pueblo a la orilla del río Zambeze, que se creó para el turismo en torno a las cataratas Victoria, es muy animado y algo bullicioso. El camping que elegimos Victoria falls camping estaba hasta la bola y la verdad un poco sucio. Cenamos en un restaurante llamado “Shearwater cafe” comida local muy rica, habia música en directo de un grupo de Zimbabwe llamado Amy and the calamities, que justamente cantaba una canción muy bonita llamada World Travel, momento mágico y voz mágica.

Nos despertamos e hicimos nuestra ruta a las cataratas por el lado zimbabwense, también se pueden ver desde Zambia a donde cruzamos solo por olisquear. Al entrar en el parque, todo resulta muy turístico, en la entrada tienen la estatua de David Livingstone, británico cazador que fue el primero en descubrir las cataratas, bastante curioso, seguramente las descubriría algún lugareño pero no fue digno de estatua.

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Las cataratas Victoria son una maravilla de la naturaleza, curioso que lleve el nombre de mi madre y mis dos ahijadas como maravilla que es. Hicimos la ruta parándonos en todos los miradores, hicimos muchas fotos y finalmente el día nos regaló el arcoiris. Realmente de lo más bonito que he visto.

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Por la tarde hicimos visita a una clínica dental y un hospital de la ciudad para empezar el proyecto del sillón dental de Marcos. Fue muy interesante intercambiar impresiones con un médico general que conocimos sobre la oncologéa en su país, las diferencias tan grandes de esperanza de vida y de diferentes causas etiológicas, aquí el problema fundamental es el VIH. De allí continuamos nuestro camino a Botswana para visitar el parque Chobe.

Día 11. Parque Nacional Chobe. Botswana.

La frontera de Botswana era más tranquila que la de Zimbabwe y la hicimos rápido, pero cuando llegamos a la de Botswana con Namibia,donde estaba el sitio que elegimos para dormir, se dieron cuenta que no teníamos un sello( ya que no nos lo pidieron ni nadie te informa), así que tuvimos que volver 100 km con la gasolina mínima para hacerlo. La gracia era que, además, las gasolineras en las que paramos previamente no tenían energía, cosa que ocurre a veces por estos lugares, así que el día empezó emocionante. Esta vez la paciencia de Marcos estaba tocadilla y yo no había empezado el día muy allá por una muy triste noticia de España. Gracias a un abrazo bien dado, un poquito de paciencia y de disfrutar lo que tenemos por delante hizo que siguiéramos con ilusión el plan aunque no fue un día para risas sino para estar muy agradecidos y, en mi caso, pensar mucho en una persona que ha pasado a ser un ángel en el cielo.

El parque Chobe es realmente precioso, el paisaje hace que la luz sea impresionante. Hicimos la ruta de la ribera del río donde se ven muchos animales en manadas muy de cerca, lo mas característico las manadas de elefantes que incluso cruzan las carreteras principales de los pueblos, conviviendo así con la gente de su país. Nos cruzaron literalmente delante del coche antes de llegar a la ruta varias veces.

_DSC1976Dentro del parque es precioso ir a tu aire y poder ver tantos animales tan de cerca. Las jirafas nos hicieron delante de nuestra ventana hasta un baile de tres que iban cambiando de posición en círculo y se daban unos golpecillos por turno que aún no sabemos bien que significa, si era un cortejo o rivalizando entre ellas.

_DSC2106Cuando teníamos atravesada media ruta, de pronto, metidos en el siguiente tramo, sin dar tiempo a marcha atrás, nos quedamos encallados en un camino de arena del que nadie conseguía sacarnos. Cuatro coches diferentes intentando ayudar, ingenieros australianos, chicos jóvenes americanos y no tan jóvenes, y el guía de un safari organizado, todos muy amables pero ninguno lo consiguió. Hubo que esperar a que personal del parque viniera a rescatarnos. Estuvimos desde las cuatro hasta las seis, hora en la que se hizo de noche y momento en el que era más prudente meternos en el coche después de tres horas fuera. El parque quedó entero para nosotros. Disfrutamos de la silenciosa música de la naturaleza aunque a mí el miedo no me ayudó mucho, sobretodo por los hipopótamos que comenzaron a salir del agua justo al lado nuestra.

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Llegaron a por nosotros una hora después  y ahora tocaba salir de allí de noche, con el sistema 4×4 averiado y posibles animales en cada esquina. Fue difícil y cansado, pero Marcos y los rescatadores lugareños fueron unos campeones. Yo no fuí la mejor copilota, para ser sincera. Pero fue toda una aventura. Ya mañana sería otro día más relajado, al final tuvimos Chobe intenso, que es lo que queríamos.

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Día 12. Namibia, mágica.

Después de la tormenta, viene la calma. Al día siguiente todo salió genial, el coche andaba perfecto, desayunamos maravillosamente en el hostal y fuimos directos al siguiente destino en Rundu, donde pasamos la noche en un camping muy agradable para nosotros solos, el Sarasungu River lodge para proseguir al día siguiente nuestro camino por el siguiente país, Namibia.

Dejamos atrás la desordenada y corrupta pero auténtica Zimbabwe y la belleza de alto precio de Botswana y nos adentramos en un paisaje completamente distinto con aire alemán y fuente de diamantes y piedras preciosas.

Entramos en Namibia por la franja de Caprivi, que es una estrecha zona del norte entre Angola y Botswana, con la cual tiene mucho parecido ya que ambas están en la ribera del Okavango. En el camino hicimos una parada cerca de Tsumeb para contemplar el meteorito Hoba, el meteorito más grande que existe en la tierra. Había que verlo, porque todo lo más no se nos puede escapar. La dimensión de ese pedruzco es alucinante, no puedo imaginar las consecuencias de la caída. Es un sitio del que sacan tajada con la entrada y te intentan vender piedras semipreciosas.

Finalmente llegamos a Etosha por su entrada Namutoni. Es un parque de enorme extensión, peculiar por su color grisáceo y se sitúa en torno a un enorme salar. Es uno de los parques en los que también se pueden ver los big five. Llegamos tarde y todo estaba completo, así que tuvimos que acampar en la entrada de un lodge gracias a la amabilidad del encargado lugareño y, no hay mal que por bien no venga, conocimos a una pareja de franceses llamados Hugo y Miriam, muy simpáticos, con los que pasamos el día siguiente en el parque.

_DSC2432Hugo y Miriam nos ofrecieron ir en grupo, conocían bien la zona, así que fueron magníficos guías. Hicimos la ruta desde Namutoni hasta Okaukuejo, Gracias a Hugo pudimos ver hasta un leopardo cazando en plena acción, entre otras. Pero, finalmente, se nos resistió el león.

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Continuamos el viaje directos a la costa y allí, elegimos Swakorpmund para dormir, desde donde explorar Skeleton Coast y Walvis Bay. Swakorpmund es una ciudad muy alemana, no diría que bonita y aunque tiene playa, no es muy apetecible ya que el agua está fría pero fría del Ártico, como que de allí es de donde viene la corriente llamada de Benguela, culpable de esa temperatura.

El paisaje en la costa de Skeleton consiste en extensas y largas playas en las que te puedes encontrar un barco abandonado en la misma orilla,  la verdad que es bonito de fotografiar.

_DSC2512Desde aquí empieza a insinuarse el desierto, mezclándose dunas con palmeras entre las que comienzan las infinitas carreteras que nos llevaron hasta el parque nacional Namib-Naukluft. Hicimos parada en Walvis Bay, una ciudad en la que destacaría una zona que forma como un lago donde se pueden ver flamencos mayores y menores preciosos.

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Una vez adentrados en el desierto se atraviesan los montes Naukluft, que lo tuvimos que hacer con un poco de prisa debido a que no queríamos que se nos hiciese pronto de noche, ya que eso sí que era perderse en el mismo desierto. La puesta de sol la teníamos detrás pero igualmente fue un camino entre montañas y dunas precioso. Finalmente llegamos a Sesriem camp donde pasamos la noche en este camping con mucho encanto que es una de las puertas de entrada del desierto Namib.

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Al día siguiente visitamos Sossluvlei, donde están la duna 40, la duna 45 y la duna Hidden Vlei. Hicimos una subida a una de ellas para llegar a la parte más alta y conseguir la mejor vista. Conforme subías siempre parecía que llegabas a lo más alto pero no, quedaba más. Yo me rajé y me quede relajada en la ladera de la impresionante duna mientras el ¨jartible¨ de Marcos subía hasta que encontrara el pico más alto. Por lo visto lo consiguió y en el camino hizo varios amigos entre ellos una familia inglesa encantadora.

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Proseguimos el camino con destino a Ais-Ais. Como era largo para hacerlo en un día paramos a dormir en el volcán Brukkaros. Llegamos también de noche aunque no era lo planeado y, lo que parecía iba a ser fácil de encontrar, se convirtió en una pesadilla. Aún no sabemos si existe ese camping, a pesar de que muchos nos indicaran y aparezca en la guía con su web y todo. Tras mil vueltas por carreteras no iluminadas ni señalizadas acampamos con nuestro coche- casa en la ladera del volcán, no nos hizo falta nada más, era hora de descansar. Al abrir los ojos, a pesar de estar supuestamente señalizado el camping, salimos de nuestra tienda de campaña y el paisaje era el volcán y nosotros, un camino de rocas que nos trajo allí y nada más. Todo un misterio, toda una experiencia. Conforme te alejabas en coche, la vista era muy bonita, eso sí. Antes de irnos hicimos el deporte mañanero de subir entre rocas para continuar la costumbre instaurada en las dunas de subir a lo más alto.

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Continuamos camino en dirección al cañón del Río Fish que es parte del parque Ais-Ais, donde estaba el siguiente camping. Es uno de los cañones más grandes del mundo y el mayor de África y forma parte del Parque transfronterizo de Ai-ǀAis/Richtersveld, que es una combinación del Parque nacional de Richtersveld, de Sudáfrica, y del Ai-Ais, de Namibia. Ais-Ais significa agua que arde y hace alusión a sus aguas termales con propiedades medicinales reumatológicas. Pasamos un día de relax sin internet ni gasolina ni coche ni prisas en un sitio espectacular debajo de una montaña en el final del cañón.

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Día 19. Vuelta al principio. 

Al día siguiente después de ver la vista del cañón desde una de las montañas que rodeaba al camping tiramos millas para finalizar nuestro tramo final hasta Ciudad del Cabo. Fue al volver cuando nos dimos cuenta de lo desarrollado que estaba Sudáfrica en comparación con sus países vecinos. Cogimos fuerzas en la Rosedene Logde, una precioso chalet con numerosos muebles de madera, ahora reconvertido en hotel y situado justo al principio de la Table Mountain, nuestra última atracción turística en África. Al día siguiente nos equipamos enérgicamente con un espectacular desayuno en Roselene hotel para los 2000 metros que nos aguardaban desde Platterclip George, uno de repartidos puntos de partida para ascender hasta la cima. Y vaya si mereció la pena las 2 horas de escalada. Es arriba donde entiendes que hayan nombrado lo que a simple vista parece un sencilla montaña en la última Séptima Maravilla del Mundo. Las vistas, sobretodo al atardecer, son sobrecogedoras y, una vez allí casi te sientes como el rey del mundo.

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Una de las cosas que le faltó de alguna manera a nuestro road-trip, fue la oportunidad de probar más productos y comidas típicas de las ciudades y países visitadas. Así que para no irnos con ese mal sabor de boca, buscamos un restaurante donde nos dieran ofrecer algo de cocina tradicional. Allí probamos una plato llamado abalone, lo que viene a ser un risotto con anilla y salsa de calamar y limón, y Marcos se pidió de nuevo la carne de avestruz con una salsa que estaba deliciosa.

Con esa estupenda cena Ciudad del Cabo nos despidió, y nos atrapó. Nos sabemos si el destino nos traerá de vuelta algún día, pero lo que si que sabemos es que no nos importará volver. Ni tampoco al sur del continente. Nuestro paso por aquí ha sido fugaz y aunque hemos disfrutado lugares de gran valor histórico y turístico, somos conscientes que quedan aun muchos rincones, y no tan rincones, por descubrir.

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¨Dier wereld is werklik rond en blyk om te begin en eindig met ons geliefdes¨ ( el mundo animal parece ser redondo y empieza y termina con nuestros seres queridos).   Proverbio africano.

Escrito en: Africa, La historia

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