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Creer para ver

Bruno sabe que Rober es un tanto especial. Es consciente que los sucesos que suele presenciar su amigo y tanto le perturban, son los típicos que las palabras no pueden explicar y que no todos los ojos son capaces de ver. En esta ocasión, si quiere ayudarle de verdad, su amistad tendrá que hacer más méritos de los que él nunca hubiera imaginado.

El cine siempre me ha fascinado. Por eso, podría afirmar con plena seguridad que poco después de debutar en el grupo de teatro de la universidad donde aprendí sobre interpretación, empecé a cultivar un interés totalmente pasional por los cortometrajes. Poco después de indagar el mundo cortometrajístico, terminé mi primer guión titulado Creer para ver, originalmente titulado Ojos que no ven.

Mi interés por sumergirme en los entresijos de la profesión, me empujó a codearme con estudiantes de la carrera de Comunicación Audiovisual de varias facultades de la ciudad de Madrid, lo cuales con el tiempo convencí y recluté para rodar mi ópera prima.

Nunca olvidaré dicha experiencia. Con un presupuesto muy corto, y después de muchas modificaciones de guión y muchos casting para fichar a actores con muchas tablas, un fin de semana del mes de noviembre del 2011 nos tiramos a la calle un grupo de más de veinte personas con todos nuestros bártulos cinematograficos. El estrés de aquellos días me dejaron escuálido como un palo y recuerdo no poder conciliar el sueño por problemas que fueron poco a poco amontonándose. Pero a mi me daba igual. Sentía que estaba en mi salsa y todo me parecía ser vertiginosamente fascinante. Aún durmiendo menos de cuatro horas diarias durante tres días incesantes y habiendo mis ahorros de varios meses, mi entrega no tenía límites porque, al fin y al cabo, culminar mi sueño de dirigir mi propio corto no tenía precio.

Y pesar de que dicho trabajo no cumplió mis expectativas iniciales y por eso al final desistiera en distribuirlo, el hecho de contemplar hoy en día dicha obra simboliza como la mejor, el significado que tiene este mundillo para mi. Machado no supo decir mejor con la frase: Caminante no hay camino, solo hay camino al andar.