Paseando por las capitales de Asia (II): Hong Kong.

13 de noviembre | Por

Desde a Tailandia a China. Cambiamos el muay thai por las artes marciales, el padthai por el chow mein y las supersticiones tailandesas por el feng shui chino. No queríamos dejar de pasar por China en nuestra vuelta al mundo así que decidimos elegir una de sus grandes ciudades y dejar este enorme país para otra ocasión.

Llegamos a Hong Kong con muchas ganas de explorar una ciudad llena de vida. Lo mejor era que pudimos hacer coincidir nuestro viaje allí con los días en los que se celebraba la festividad de medio otoño o fiesta de la luna llena. Así que íbamos con doble motivación por conocer la ciudad más moderna del país con su cara más tradicional, viviendo de cerca su cultura y su gente. Hong Kong está dividida en tres regiones ubicadas entre la zona continental y dos grandes islas: isla de Lantau, isla de Hong Kong y la parte continental, Kowloon. Solo su geografía ya la hace peculiar. Pero, además, su historia, sus diferencias con su país y su cultura oriental hacen que sea un destino de lo más interesante.

Kowloon, la parte continental y caótica de Hong Kong. 

Desde el aeropuerto, situado en Lantau, fuimos hasta el hotel en tren. Conectando con metro pudimos llegar hasta casi la puerta del hotel que habíamos reservado en Kowloon. Moverse con el metro en Hong Kong es comodísimo. Existe la posibilidad de comprar una tarjeta llamada Octopus card que te vale para todo tipo de transporte o incluso entradas de sitios hasta para comprar en supermercados o tiendas. Te simplifica mucho moverte por la ciudad, sobretodo si tienes pocos días para hacerte con ella. Nada más salir del metro en Kowloon te topas con la realidad de una ciudad construida hacia el cielo con un incesante movimiento de gente y coches. Es el barrio con más movimiento, de hecho es el núcleo urbano con mayor densidad de población del mundo. El hotel era lo mejor que encontramos relación calidad precio y se trataba de una auténtica lata de sardinas. Hong Kong es caro y el alojamiento, carísimo.

img_7297El hotel estaba en plena calle Nathan, calle repleta de tiendas, restaurantes y rascacielos. Hong Kong es la ciudad con más rascacielos del mundo.  En Kowloon está el International Commerce Centre, el más alto de la ciudad. Es alucinante ver semejantes estructuras en construcción, algunos de hasta 500 metros de largo, sujetas por enormes andamios hechos de bambú, unidos únicamente por bridas de plástico. La razón de utilizar este material es obvia, resulta más económico, más fácil de montar y más rápido. Razones que reflejan características que podrían describir a la forma de vida en esta ciudad. Una población que se moderniza a un ritmo frenético donde el tiempo y el espacio son oro. Realmente cuesta creer que esos palos alargados agarrados con cuerdas de plástico sean la manera de sostener de manera segura los edificios más altos de la ciudad. Piensan que esas cuerdas aportan mayor flexibilidad y en caso de terremoto favorecen el movimiento de toda la estructura sin que llegue a desmoronarse. De hecho, son resistentes a terremotos y tifones. Pero la más alucinante de las razones de utilizar este material, concretamente, es la que está relacionada con propiedades misteriosas asociadas al feng shui.

El feng shui es la ciencia china de la armonía por la que todo tiene un determinado espacio y un determinado tiempo. Está basada en la frontera de dos mundos: el de la tierra y el del cielo, el de lo visible y lo invisible. Es el pensamiento de que si sigues los dictados del feng shui, te irá mejor. Esta superstición china considerada pseudociencia proporciona a las personas como debe orientar su hogar hasta la postura de como dormir para así evitar que los espíritus malignos y en el caso de la ciudad, como construir los edificios. Hong Kong es uno de los centros de difusión de esta doctrina. Aunque la verdad es que, a la vista, el bambú no transmite mucha seguridad, al menos, los trabajadores si que están muy especializados en este tipo de construcción y superan un complicado curso que los habilita en el montaje de estas estructuras.

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Otra cosa que llama la atención paseando por las calles de Kowloon es la multitud de tiendas de joyas y relojes de firma. Nunca he visto en menos espacio mayor número de las mismas tiendas de manera sucesiva. No se cuántos relojes Rolex tendrá cada chino de Hong Kong, pero no exagero si digo que cada dos tiendas había una de relojes de ese nivel. Al igual que los numerosos carteles de publicidad sobre relojes salta a la vista la obsesión por las joyas y alianzas. En China, el matrimonio es algo casi obligatorio y eso, entre otro matices, contribuye a que la sociedad china no sea de mis preferidas respecto a los valores de la familia en la sociedad. En definitiva, es increíble como paseando por una moderna ciudad cosmopolita llena de rascacielos puedes apreciar tan palpablemente temas como las supersticiones o pensamientos bastante retrógrados de la sociedad (desde mi punto de vista).

Hong Kong, una ciudad de cine. 

Continuamos nuestro paseo por la zona en dirección a la avenida de las estrellas en Victoria Harbour, donde está la estatua del ídolo Bruce Lee. Es un paseo agradable, con una vista espectacular y no tan masificado como las calles de tiendas, aunque sí tienes que coger turno para la mítica foto con el ídolo cinematográfico. La avenida de las estrellas es una seña de identidad de la ciudad respecto al resto del país. Hong Kong es, hasta la actualidad, uno de los centros de producción cinematográfico más importantes de Asia, gracias, en su momento, a la separación del régimen comunista de China. Desde allí tienes la impresionante vista de día de la isla de Hong Kong y su imponente skyline. Después un buen pateo acalorado fuimos al museo de Historia de Hong Kong para entender un poquito más la forma de vida de esta curiosa ciudad formada en islas de la que se conocen hallazgos arqueológicos desde hace 30.000 años.

_dsc6646Ese día comimos en un restaurante japonés en Kowloon. La verdad, no somos muy amantes de la comida china. A la hora de elegir restaurante es difícil tarea. Hay tantos, en tan poco espacio y todos entremezclados entre tiendas y minihoteles, que te vuelves loco. Es una ciudad en vertical. Encontrarás restaurantes en las plantas superiores o subterráneos, poco de terrazas al aire libre.

La festividad del medio otoño o de la luna llena en Hong Kong

Continuamos en metro hacia la isla de Hong Kong donde paseamos por sus animadas calles, también llenas de tiendas, hasta que diera la hora del comienzo de fiesta del dragón en Victoria Park.   

La festividad del medio otoño tiene una antigüedad de más de 3000 años y se celebra el quince día del octavo mes del calendario lunar que cae en mitad de otoño. Esta fiesta tiene muchas versiones pero leímos que la más aceptada es la leyenda de Chang’e y Houyi, una bonita historia de amor vinculada a la luna. Los agricultores celebran el fin de la cosecha y las familias se reúnen para contemplar el brillo de la luna llena, comer pomelos y pasteles típicos de esta época que, por cierto, están riquísimos, quemar incienso, llevar linternas y colgar faroles en árboles o terrazas en los puntos más altos. En Hong Kong, además, se realiza la danza del Dragón de fuego y tuvimos la suerte de presenciarla ese día. Poco a poco el parque se iba llenando de familias cogiendo sitio para el espectáculo y miles de niños jugando con luces voladoras.

img_7279El evento consiste en la retransmisión de una serie de espectáculos en una gran pantalla, le sigue una celebración en directo con bailes tradicionales y la gran final es la danza de Dragón de Fuego. El dragón es una criatura mitológica de significación espiritual en los países orientales, es la combinación de nueve animales: cuernos de arce, ojos de langosta, morro de buey, nariz de perro, melena de león, cola de serpiente, garras de águila y escamas de pez. Tiene un significado de sabiduría y protección contra los malos espíritus y propiciado de lluvia para la cosecha. Incluso en China se piensa que descienden del dragón. En la danza una multitud de hombres lo pasean en círculo haciéndolo bailar al ritmo de gongs y tambores hasta colocarlo en el centro de la plaza. Una vez allí, tras pertinentes discursos de figuras importantes de la ciudad, le colocan por su cara una serie de bengalas y finalmente es quemado ahuyentando así los malos espíritus.

20160915_231847Isla de Hong Kong y su famoso Victoria Peak.

Al día siguiente volvimos a la isla de Hong Kong. Esta isla es el reflejo de que esta ciudad sea una de las capitales del mundo de la arquitectura moderna, llena de rascacielos y casi todos en el distrito de Central entre grandes zonas verdes. Recorrimos la zona en dirección a Victoria Peak en búsqueda del famoso Escalator. Se trata de la escalera cubierta mecánica más larga del mundo, aunque estamos algo en desacuerdo de que le otorguen esa distinción ya que hay partes que esa escalera se alterna con alguna pequeña bajada. Un poco timo. Pero viene genial porque conecta desde el distrito Central hasta Mid-levels para subir a la cima más alta de la isla de Hong Kong. Durante la subida de unos veinte minutos tienes salidas cada poco tiempo de acceso a restaurantes y cafeterías. Después subimos en taxi en dirección a Victoria Peak para ver las vistas y nos decepcionó un poco el que estuviera todo dentro de centros comerciales. Pero la verdad que la vista es espectacular.

_dsc6868Volvimos de nuevo al distrito de Central para pasear por Hong Kong Park. En esta zona es donde se encuentra el mayor número de rascacielos de la ciudad. Pero lo más curioso no fue la increíble arquitectura moderna o las zonas verdes cuidadas y perfectamente pensadas, sino los cientos de grupos de mujeres asiáticas que había dentro y fuera de grandes edificios que se apoderan de esa parte de la ciudad los domingos o días festivos. Sentadas en cartones en el suelo, desde la mañana hasta la noche, pasan el día jugando a las cartas en parques, calles y edificios, comiendo de sus tupperwares, charlando o entretenidas con su móvil, como quien pasa el día de dominguero en la playa. Al parecer, son mayoritariamente filipinas o indonesias que trabajan internas en casa. Lo que no nos esperábamos es esa multitud y ese despliegue de cartones en el suelo. Parece ser que está prohibido sentarse en el suelo, así que supongo que será la razón del uso de ellos.

img_7364El espectáculo de luces y sonido del skyline de Hong Kong.

Fuimos en dirección a Victoria Harbour y la noche nos regaló una luna llena impresionante que se veía durante todo el camino entre rascacielos. EL camino era una paseo entre cientos de personas intentando sacar la mejor foto de la luna cual auténticos chinos. Cogimos el ferry desde Central a Kowloon para ver la ciudad desde el mar y llegar a tiempo a Victoria Harbour para ver el espectáculo de luces y música por la noche. A las ocho y media de manera puntual comienza una voz presentando el show. Todo el paseo está repleto de gente sentados en unas gradas con sus cámaras esperando el momento. Nunca me sentí más china con mi cámara. La vista es impresionante. EL skyline de Hong Kong le rinde homenaje a todos los turistas cada día con un show que parece de película americana. A su vez pasan unos barcos al estilo pirata con velas rojas que le dan aún más emoción al momento de cine. El espectáculo de música, nada del otro mundo. La vista desde allí de la ciudad de noche es el verdadero espectáculo.

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Mong Kong y Sham Shui Po, como sobrevivir a un laberinto de mercadillos y comercios chinos. 

El tercer día tocaba la isla de Lantau, pero nos decantamos por pasear tranquilamente por la zona de Kowloon, hacer fotos y ser uno más en el caos. Por la mañana hicimos una visita al Hong Kong Heritage Museum para ver una exposición de un fotógrafo chino que nos interesaba mucho y de paso empaparnos de una exposición del ídolo Bruce Lee. Ya por la tarde nos quedamos en la zona del metro de Mong Kong en Kowloon, que es el centro de toda la zona comercial repleto de mercadillos chinos. Paseamos hasta la parada de Sham Shui Po donde están concentradas la mayoría de tiendas de electrónica. Pasamos el día observando todas las curiosidades chinas que tanto difieren de nosotros.

Las calles están inundadas de personas. Los chinos llevan todos sus deportivas de marca de última moda, llama la atención que no ves ninguna persona de traje o mujer con tacones, es un mercadillo que podría ser el piojito de Cádiz a lo asiático. Todos los turistas asiáticos van cargados de electrónica y artículos de fotografía llegando a llevar hasta tres cámaras diferentes al cuello. Aunque, a decir verdad, Marcos en eso se lleva la palma. En cada esquina hay un espectáculo de música, no apto para todos los gustos. Muchos llevan la famosa mascarilla porque padecen un resfriado o, simplemente, para no tener que hablar ni sonreir. El movimiento en las calles es frenético, incesante, caótico y multitudinario. No hay una calle donde no tengas que esquivar gente y el ruido se hace agotador. Y tengo que admitir que es una población no muy afable ni conversadora. Si preguntas a alguien por una dirección o duda, raramente te ayudarán. No es una ciudad acogedora, al menos, para el turista. Es difícil no sentirte un extraño, pero eso, en ocasiones, puede llegar a ser más divertido.

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Hasta la próxima Hong Kong.

La verdad que Hong Kong no me entusiasmó, pero sí me parece interesante su cultura, la que me explica su presente desde su impresionante historia. Volvería y le dedicaría más días para poder conocer la isla de Lantau y pueblos de alrededor, alejarnos de la zona comercial que termina quitando encanto a todo lo demás. Pero eso será en otro viaje con un mejor presupuesto y menor número de países por delante. Si me quedo con algo es con haber presenciado cultura y las tradiciones como la festividad de medio otoño que reúne a familias para celebrar la luna llena.

Ya tocaba volar a Tokyo y contaba los segundos para conocer esa cultura y esa gran ciudad y disfrutar de su comida una semana.

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Escrito en: China

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