Nuestra visita a la Fundación Vicente Ferrer

25 de septiembre | Por

“Ninguna acción buena se pierde en este mundo. En algún lugar quedara para siempre” VF

Una de las cosas que tenia ilusión de hacer desde hace años era visitar la Fundación Vicente Ferrer y con tan solo una breve estancia allí mis expectativas se cumplieron con creces. Cuando entras en India por Bombay te topas bruscamente con la realidad de la gente y su miseria. Surgen muchas preguntas a las que no les buscas respuestas: “¿por qué el mundo es así?”, “¿qué puedo hacer yo para ayudar a cambiar esto?”. Preguntas así son las que seguramente hicieron que Vicente Ferrer, que aterrizó en Bombay en 1952, decidiera hacer algo ante esta realidad humana. Ese algo fue nada mas y nada menos que dejar todo para ayudar a los demás porque como bien dice él “la pobreza no está sólo para entenderla si no para solucionarla”.

Nada más llegar a la Fundación, allí llamada RDT (Rural Development Trust) diferentes pensamientos me invadieron y me hicieron sentir confusa ante mi decisión de venir de visitante: venir de visita o ser un turista de ONG nunca fue algo que admirase o entendiese. ¿Venir solo por curiosidad sería algo positivo o simplemente egoísta? Todas esas dudas se resolvieron en el primer segundo que conoces a las personas que allí te acogen amablemente, te sonríen y te dan la bienvenida agradecidos de que vengas a ver la labor que hacen allí cada día.

La fundación está en una amplia zona dentro de la caótica ciudad de Anantapur. Se podría describir como un pequeño pueblo “español”. Un pueblo en el que se respira generosidad y gratitud, en el que niños con discapacidad encuentran su hogar y su cuidado e irradian alegría, en el que las mujeres con circunstancias complicadas en un país aún por evolucionar en la libertad y autoestima de la mujer, viven libres y realizadas, un pueblo en el que enfermos que pueden tener sanidad en tres hospitales de gran calidad profesional, en el que a hogares sin recursos puede llegar comida gracias a la solidaridad en forma de huchas, en el que niños pueden disfrutar de educación gracias a padrinos comprometidos con la causa y algún día conseguir su propio trabajo.

Una fundación que crearon dos personas con un corazón enorme, Vicente y Anna, que sigue en pie con el legado del difunto y venerado Vicente y el trabajo diario de su viuda, su familia y todos los colaboradores con la misma ilusión del primer día. Eso también tuvimos la suerte de vivirlo, concretamente gracias a uno de los momentos más especiales, una reunión que organiza Anna Ferrer para conocer a los que estamos visitando la fundación. En esa reunión que nos cuenta en primera persona en que consiste la fundación, nos motiva a realizar preguntas y se interesa personalmente sobre nuestra experiencia allí de manera incluso individual. En unas horas, ella transmite todo el carisma, la humanidad y la generosidad que tiene una persona que ha realizado y realiza semejante proyecto en un ambiente de lo más agradable y cercano.

En definitiva, la Fundación Vicente Ferrer es un trocito de cielo en el que los más necesitados de India encuentran su mano ayuda en la tierra. Es difícil explicar con palabras, por eso, os recomendamos sin duda ir a conocerlo. A quien no pueda, aquí dejamos algunas fotos de nuestra irrepetible experiencia.

“No tengo fe en la sociedad actual, pero sí en las personas”
Vicente Ferrer

Escrito en: India, ONG

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