Nuestra luna de miel – Roadtrip por italia (I)

3 de marzo | Por

Después de una boda que ni en sueños hubiera sido igual, la idea era que la luna de miel fuera sólo un viaje en el que se parara el tiempo un rato y disfrutásemos el momento que estamos viviendo, esta vez no con todos los que queremos como durante aquel increíble 8 de diciembre, sino solo nosotros haciendo lo que más nos gusta, que es lo que realmente nos unió.

La pregunta de todos los que nos conocen más o menos fue siempre la misma: Dos personas que han dado la vuelta al mundo, ¿dónde se van de luna de miel?. Comentarios como “si vosotros ya os conocéis el mundo entero”, “ya no os quedan países”, impulsivamente me indignaba porque parecía como si ya nosotros no tuviéramos necesidad de viajar más. Y la realidad es que podría volver a los sitios que conozco miles de veces ya que cada vez sería una experiencia diferente, porque tú eres diferente, porque es un momento diferente por mil razones, pero sobretodo, porque podría pasarme la vida viajando. Además, viajar no sólo consiste en conocer sitios, ir una vez y colocarlo en tu lista o tacharlo en tus objetivos o hacerte la foto y publicarlo, viajar para nosotros es vivir experiencias, sea donde sea, curiosear y llenar tu mochila de cosas de otros rincones que no están cerca en tu día a día.

Reflexión aparte, este viaje no ha sido cualquier viaje. Éste ha sido de llenar la mochila de cosas durante unos días de lo que hemos vivido estos meses de preparación y de disfrute de nuestra boda para seguir celebrando ahora que hemos vuelto. Y, como me dijo mi cuñada, después del viaje de novios, es cuando realmente empezará nuestra luna de miel, para siempre.

El caso ¿Qué destino elegimos al final? Pues cómo bien dice el título, Italia fue nuestra elección. Los dos disfrutamos mucho de leyendo sobre la historia de las ciudades que visitamos, de la fotografía y recorriendo callejuelas. Pero la gran verdades que después de nuestro país o casi compitiendo con él, donde mejor íbamos a comer era en Italia. Y eso, amigos, fue una razón de peso para elegir el país con forma de bota como destino :). Decidimos hacer un viaje al más puro estilo @elserviajero en el sentido de ir encontrando sin buscar, marcando la ruta conforme la hacemos. A nuestro aire con un coche bien cómodo y equipado en vistas al final del viaje.

roma

Roma y mi sueño hecho realidad

La ruta la iniciamos en Roma, la ciudad eterna del amor -¿qué mejor sitio? Al menos para mí ;)-. Y no solo porque sea preciosa y romántica si no porque era un sueño mío de adolescente. Empezar allí mi viaje de novios con el que fuese un día el hombre de mi vida en realidad era de una de esas cosas que soñaba de pequeña pero que no esperaba que ocurriese. Pero mira tú por dónde, a veces los sueños se cumplen y al final he tenido que reconocer que soy una romántica.

Roma nos dio la bienvenida con un frío polar del que cala los huesos, pero igualmente estaba tan bonita como siempre, con ambiente típico de epifanía, repleta de gente y de adornos de “natale”. Recorrimos durante dos días los sitios imprescindibles de la ciudad, para mí, la más bonita del mundo. Nos alojamos cerca de la plaza del Panteón, mi lugar favorito, en un hotel en Via Largo Argentina llamado Argentina Residenza Style Hotel. La verdad que está muy bien, las habitaciones son amplias y es muy agradable. Pero sobretodo, lo elegimos porque estaba muy bien situado para patear Roma en dos días.

Captura de pantalla 2019-03-02 17.56.34

El primer día llegamos un poco cansados y tras las tareas de alquilar coche y demás, comimos cerca del hotel pizza y pasta que no fueron dignas de mencionar pero que igualmente sirvieron para recargar pilas a través de una mini siesta que nos permitiera disfrutar de la auténtica ruta gastronómica italiana.

Por la noche fuimos a dar un paseo por Trastevere y cenamos en el restaurante que nos recomendó nuestro italiano favorito, Manuel Tucciarone. Trastevere es de mis zonas favoritas de Roma. De hecho Roma sin Trastevere no sería de mis ciudades favoritas, es lo que le da a la ciudad el encanto de la vida en la calle y la hace una ciudad más verdadera. El restaurante es de verdadera calidad italiana, se reflejaba en que hacían cola para entrar nada más que italianos, un gran triunfo en Roma a decir verdad. Nos encantó todo, desde el ambiente, lo rico que estaba la comida y el precio que era estupendo. Se llama Il Duca y mientras lo cuento se me hace agua la boca. ¡Quiero volver yaaa! Pedimos, ¡cómo no! unos bucattini all´amatriciana, plato típico romano con queso Pecorino que es una delicia. También pedimos alcachofas a la romana de aperitivo y unos gnocchi alle cozze muy pero que muy ricos, los mejillones pequeñitos mmm ¡buenísimos! Allí mismo comenzamos nuestra cata vinícola con un rosado de Montepulciano -aunque la verdad que donde se ponga un buen tinto que se quite lo demás!- Cuando salimos me percaté que aquel barrio tenía todavía el ambiente romano que recordaba, con más vida callejera nocturna que en el resto de la ciudad, que curiosamente a las horas de cena española ya está desierta.

De vuelta al hotel, y sin un alma en la calle, aprovechamos para pasear por las zonas en las que normalmente no cabe un alfiler, como: la Piazza del Panteón o la Fontana di Trevi -y sí, tiramos la moneda por un deseo secreto-.

Captura de pantalla 2019-03-02 18.02.51Pisa y Lucca; Adentrándonos en la Toscana

Al día siguiente tras desayuno rico de buffet comenzamos la ruta Toscana en Pisa, ciudad de Galileo Galillei y de Andrea Bocelli. Yo no iba desde pequeña y Marcos igual. Llegamos y aparcar es relativamente fácil a las afueras de la parte turística. Desde una callecita ya divisábamos la torre y el duomo que la verdad me volvieron a dejar maravillada cómo recordaba. Es una ciudad pequeña pero con un ambiente estupendo universitario, y con río, el río Arno, dos aspectos que hacen que sea para mí un sitio donde no me importaría pasar una temporada.

La vista de la torre inclinada junto con el duomo ya desde el coche era lo más. Es super curioso como se construyó la torre así y como una imperfección, fruto de un accidente o fallo humano, se convierte en el icono de una ciudad que la hace más bonita y especial. Vamos, como todo en la vida, la imperfección es lo que hace especial a cualquiera. Visitamos el duomo y la torre y luego paseamos por las calles hasta encontrar un sitio para comer. Nos apetecía un sitio así de picoteo italiano de mediodía, y encontramos el perfecto. Un sitio minúsculo llevado por tres italianos encantadores que se llamaba I Porci comodi. Se le llama salumería, esta recordaba a una pequeña abacería española, en la que puedes comprar para llevar o comer allí algo, pero principalmente era de embutidos y bocatas. Nos pedimos una tabla espectacular de todo tipo de embutidos y quesos típicos de la zona. Acompañado de un vino que nos dieron a probar también de allí. Todo maravilloso. Uno de los embutidos recordaba a los auténticos chicharrones de Cádiz. El chico que nos atendió no pudo ser más encantador, el sitio tiene tres esquinas donde sentarte en sillas altas y hay gente que se queda en medio con su bocata o tabla así tomando su vinito, todo con muy buen rollo. Y así nos despedimos de la ciudad de las 60 iglesias y pusimos rumbo a su vecina rival en la historia; Lucca.

Existe un dicho que tienen los de Pisa que es “me sales mas caro que uno de Lucca” y es debido a la historia del río que pasa por ambas ciudades, que hubo un tiempo que a los de Lucca no les intere- saba enriquecer a los de Pisa con sus mercancías que pasaban por el mismo río, por lo que se desvió el suyo para no desembocar en el Arno, cosa que les costó caro. Llegamos ya anocheciendo. Lucca es preciosa, tenia un ambiente navideño que la hace más bonita aún y con muchísima gente en la calle, luego supimos porqué. Estaban haciendo la representación viviente de la llegada de los reyes magos de Oriente a Belén. Fue muy especial ese momento y tener la experiencia de ver cómo viven esta tradición fuera de España.

Después de dar una vuelta por toda la ciudad amurallada con su característico color rojo fuimos a cenar a nuestro capricho del viaje, un restaurante que encontré sin referencias pero con toda la buena pinta que tenía una estrella Michelin, el Albergaccio di Castellina, en Castellina di Chianti. Estuvo bien, obviamente más caro que el resto pero con toques de calidad de otro nivel de cocina. Mientras esperas te invitan a un aperitivo que parecía como un churro español, que me encanto, un pan que sabia a churro y unos pimientos rojos crujientes y otro plato muy rico fue unos espárragos calientes con salsa de cebolla y miel y mayonesa de piñones sin huevo. Probamos un aperitivo de martini y varios platos como el risotto por el que fueron ganadores de premio nacional. Nos costó la cena 80 euros. El postre de chocolate y pistacho para no olvidar. La pareja que lo regentaba muy agradable. Pero no ha entrado en nuestros favoritos de Italia aunque sí repetiría claro. Antes de llegar al restaurante paramos en el pueblo de donde es originario Pinocho, pero llegamos demasiado tarde con todo cerrado, se llama Collodi, si repetimos iré a ver si encuentro algo bonito artístico y original de ese muñeco, que me trae muy buenos recuerdos de cuando mis padres me lo traían de Italia cuando era pequeña.

Captura de pantalla 2019-03-02 18.05.46Siena; una colina con duomo y plaza para carrera de caballos

Al día siguiente tocaba la niña bonita, Siena. Si llegas en coche, merece la pena ir directamente a un parking público, porque aparcar es más complicado, dentro de la ciudad ni lo intentamos. Aparcamos fuera en un parking llamado Santa Caterina. Nada más salir del parking ya asombra la belleza de esta ciudad y sus alrededores con la iglesia en altura el Santuario de Santa Catarina, una maravilla para dar la bienvenida a la ciudad que no tiene ni una esquinita de desperdicio.

Para ver Siena tienes que darte un paseo en cuesta ya que es una ciudad en una colina. Directamente nos fuimos a la plaza más famosa, la plaza del Campo donde está el ayuntamiento, con su característica forma de abanico, o concha, donde te encuentras mucha gente sentada en el suelo como si estuvieran en un parque. Es bastante curioso. En esta plaza se hacían antiguamente carreras de caballos y se siguen haciendo como fiesta tradicional en verano, las fiestas del palio, es una de las cosas por las que nos gustaría volver. Decidimos pasar el día empapándonos de la maravillosa Catedral de Siena. Hay un ticket que se llama Porta del cielo, que cuesta 20 euros y te da acceso al baptisterio, cripta y museo dell´opera y a la porta del cielo, que es la parte superior de donde tienes una vista impresionante de la catedral y de la ciudad entera.

Visitamos una parte antes de comer y dejamos otras para después. Fuimos a comer cerca de la Plaza del Campo a una trattoria que se llamaba Taverna del capitone. Muy recomendable. El personal una vez más encantador y la comida excepcional. Probamos una carne rellena y una pasta también típicos de allí. Justo cuando comenzaba una luz preciosa de atardecer nos fuimos a ver la Porta del cielo que fue espectacular, verdaderamente merece la pena, y sobretodo hacerlo con esa luz de Toscana que es única. Se visita todo el interior del duomo en altura, los subtechos y las vistas desde arriba dentro y fuera del duomo y a su vez tienes unas vistas preciosas de toda la ciudad.

Captura de pantalla 2019-03-02 18.06.55
Ese día volvimos al hotel ya llamado casa, porque una vez que pasamos más de una noche en un hotel solemos considerarlo nuestra nueva casa, costumbre que viene del viaje por el mundo y descansar un poco de turismo y leer, charlar sin más. Probamos a cenar en una pizzería que no voy a nombrar porque fue un fracaso, peores que muchas de las que dicen ser italianas en España.

**Sigue leyendo la segunda parte haciendo clic aquí

 

Escrito en: Italia

Mostrar comentarios (0)