Nuestra luna de miel – Roadtrip por Italia (II)

10 de marzo | Por

Arezzo para nosotros solos

Nos levantamos un nuevo día en la Toscana que cada día nos va enamorando más y pusimos rumbo a Arezzo. Pasear con la ciudad enteramente para nosotros solos, donde cada esquina te evoca a la peli que me hizo creer más en el romanticismo en mi adolescencia, todo acompañada de la persona que más quiero y disfrutando de la luna de miel. Pues si, no es un sueño, fue mi sueño con 21 añitos pero ahora es realidad aunque sea ñoño. El día en Arezzo fue mejor imposible.arezzo
Llegamos directos a comer a un restaurante llamado Antica Fonte, que no nos decepcionó. Yo creo que hay mejores en la ciudad pero era lunes festivo y estaban cerrados. Pedimos unos tagliatelle al tartufo que nos vuelven locos, empezando así la ruta no puede salir nada mal. También probamos una pechuga rellena con tomates secos y aceitunas riquísima. Pudimos pasear por la ciudad como si la hubieran abierto para nosotros, claramente éramos los dos únicos turistas de Arezzo, y eso ¡es un auténtico lujo hoy día! La plaza del ayuntamiento llamada Piazza Grande con el ábside románico de Santa Maria della Pieve, el edificio gótico y renacentista llamado Palazzo della Fraternità o su fuente del siglo XVI con su esquina donde Guido grito ¡¡María!!, la llave para sorprender a Dora. Para mí una de las plazas con más encanto de la Toscana y tuvimos la suerte que estábamos la semana de menos turismo del año, con un día soleado y frío del que te abrigas y estas en la gloria. Es bonito ir viendo los rincones donde se rodaron las escenas de la peli como la de la alfombra roja en las escaleras de la plaza del Palazzo y la catedral.

Pero fruto de casualidad tuvimos la oportunidad de conocer al dueño de la llave que se utilizó en la película, el mismo dueño de un anticuario que nos gustó desde fuera y probamos a entrar. Un señor mayor llamado Franco que se encuentra allí sentado como en su trono, en una butaca antigua, con el que pude hablar media hora de la vida mientras que Marcos iba a un cajero para poder pagarle algunos recuerdos que nos llevamos de allí, como una llave antigua de las que tiene en su anticuario porque, claro, la verdadera no la vende.

Cuando llegaba la hora de la mejor luz subimos a la torre del reloj para ver las vistas de la ciudad entera y otra vez para nosotros solos. Parece algo que no tiene tanto valor, pero hoy día es el mayor lujo de un viajero. De la catedral de esta ciudad nos llamó la atención lo dejada que esta, nada cuidada ni siquiera la plaza limpia, no es a lo que te acostumbra la Toscana.

Atardeceres y vinos en Cortona

Continuamos el camino ya atardeciendo a Cortona que me enamoró completamente. Es una pequeña ciudad en lo alto de una colina donde vimos un atardecer de los que no se olvidan. Está bastante alto y eso hace que haya unas vistas de las que has visto tantas veces en las postales que te hacen soñar. Dimos un buen paseo por la ciudad con todo ya cerrado y ambiente muy invernal. Hacía bastante frío y de hecho allí seguía un gran árbol de navidad precioso en la plaza de la catedral. En una callecita encontramos una pequeña vinoteca que fue el plan perfecto para entrar en calor. Se llama Enoteca Gabriela y Gabriela es lo mejor de ella compitiendo con su gran vino que exporta ella misma a muchos países incluido California. Junto con otra pareja de novios incipientes que coqueteaban en torno a la cata de un vino así de manera improvisada nos hizo una cata de varios vinos de la zona mientras tomábamos pa empapar una rica focaccia casera. Nos tomamos varios Montepulciano y algunos Brunello realmente ricos. Al final elegimos para casa un Montepulciano que guardaremos para una cena especial.

cortona
El alabastro de Volterra y nuestro restaurante favorito en Florencia

Nuestra última experiencia en Colle di Val d’Elsa fue cenar en un restaurante pequeñito que teníamos cerca del hotel llamado L´oste di Borgo. La comida local es espectacular y a buen precio, ¡nos encantó!. El local es pequeñito, el personal muy amable y el ambiente tiene mucho encanto. Nuestro ultimo día en la Toscana fue lluvioso y poco agradable. La verdad que hemos tenido mucha suerte con el clima y solo este día fue malo como para estar paseando.

Al día siguiente nos montamos en el coche pensando en ir a Florencia, pero antes dimos nuestro último paseo mañanero por la campiña toscana en un pueblo llamado Volterra. Gracias a esta parada conocimos un sitio de los que nos gustan: Un auténtico taller lleno de arte elaborado con alabastro. Giorgio, el dueño, estaba allí con su bata blanca trabajando en una escultura y nos dio la bienvenida, explicándonos su trabajo acerca de ese mineral que proviene de diferentes capas de la profundidad de la tierra. Es una especie de mármol, que se utiliza para hacer esculturas y en catedrales. En España lo tenemos alrededor del Ebro, y en ese mismo instante Giorgio estaba trabajando en el altar de la Catedral de Volterra, que tenia previsto acabar para esta primavera. El descubrimiento de este taller son el tipo de casualidades que nos gusta que se den cuando viajamos por libre, que surgen pateando las ciudades e interesándote por su cultura local.

Después de un ratito más que agradable con Giorgio nos dirigimos a Florencia para comer. Llegamos directos a nuestro restaurante favorito de Italia. Ya lo conocíamos de otra vez que estuvimos visitando la ciudad hace algunos años y nos dejó cautivados. Y si, tiene la distinción de nuestro restaurante número 1 de Italia. Por su encanto, su estilo y su comida. Es un local pequeño que sirve comida Toscana y se llama Podere 30.

La teta de Julieta y el tiramisú de Verona

Haciendo la digestión sobre ruedas seguimos carretera hasta Verona que llegamos ya entrada la tarde. En Verona escogimos unos apartamentos en la Piazza dei Signori conocidos con el nombre de Lords di Verona. La plaza tiene un encanto especial y aún más con la niebla que nos dio la bienvenida. La localización es inmejorable y los apartamentos son muy completos. Tienen un estilo moderno con todas las comodidades y el personal te trata estupendamente. Eso sí, al estar en la plaza no se puede entrar con el coche, lo que te obliga a buscar parking público. Pero ellos te dan servicio de aparcamiento por un precio considerable siendo nuestra luna de miel.

Yo ya la conocía pero en temporada de verano pero en invierno, a pesar de la niebla y el frío pues tiene también ese encanto. Al pasear por esas calles de elegancia italiana, nos llamaba la atención como se nota la Italia del norte con numerosos locales elegantes y calles muy bien cuidada. Otro estilo diferente a la campiña toscana. Fuimos a cenar a un sitio pegado a la plaza que se llamaba L´osteria dei bugiardo 38. Nos gustó por su ambiente tranquilo y por supuesto la comida. Empezamos con un aperitivo con tartanes, una especie de pinchos, y elegimos algo de su vinoteca. Probamos el tortello al raddichio, el brassato di manzo allamarrone con polenta típica de la zona y para finalizar la torta di ciocolato y pere que estaba deliciosa.verona
Al día siguiente fuimos a desayunar a la cafetería de Rossi que está en la calle que más nos gusta porque está adornada muy bonita por Navidad y llena de tiendas y cafeterías. Es un una tienda de delicatessen en la que puedes encontrar absolutamente todo lo delicioso que hay de este país. Tiene dos mesitas pequeñas y una barra dando al escaparate con varios taburetes. Nos tomamos un dulcecito típico de aquí que son como unos bollitos de crema y otros muy pequeñitos de pan que están rellenos como de un paté de aceituna. Ese día paseamos por todas las plazas y puentes bonitos de la ciudad. Empezamos por la que teníamos pegada la Piazza delle Erbe, donde ponen el mercado en forma de unos puestos muy bonitos también elegantes como de madera con un toldo blanco y, como no, nos acercamos a la puerta de casa de Romeo y al balcón de su Julieta que se convirtió en el sitio que visitar de la ciudad. Cuando te pones a mirar la de gente que ha querido dejar su huella de alguna manera romántica, te encuentras billetes de avión pegados con tiritas o chicles de todas los colores, algo curioso y asqueroso. Y bueno, si paso por aquí, toco la teta a ver si nos sigue dando suerte 😉

El descubrimiento de arte local del día fue una ceramista artística donde compramos un globo terráqueo precioso de recuerdo. De los sitios que más encanto tienen para mí en esta ciudad es el puente de piedra, el único puente romano y primero que se construyó. Nos dimos un paseo hasta la Arena de Verona que ahora tiene una escultura de una estrella de natale que la hace aún más de cuento.

Como la niebla entró para dejar una tarde realmente invernal, nos fuimos a descansar al apartamento. Esa noche fuimos a cenar a un restaurante muy recomendable La antica trattoria della Amelia. Tomamos unos tortelini di valleggio y unos tortello di zucca (me vuelve loca la pasta con calabaza). Probamos un entrante de cipolla rossa y por fin tomé mi ansiado tiramisú que puedo decir que entró en la lista de mis favoritos. Para beber pedimos un vino de la zona Valpolicella para continuar nuestra cultura vinícola.

De paso por Bardolino hasta los Dolomitas

De Verona pusimos rumbo a los Dolomitas haciendo parada en Castel San Pietro con sus bonitas vistas y en pueblecitos del Lago di Garda, que la verdad parecían en esta época invernal pueblos fantasma pero igualmente bonitos. Comimos en Bardolino y continuamos el camino hasta nuestro último destino, los Dolomitas en un hotel en Alpe de Suisi llamado Tirler.tirler
Elegimos este hotel porque estaba en medio de una estación de esquí pequeñita con un spa estupendo, para olvidarnos tres días de todo y relajarnos en la montaña. ¡Y así fue! El hotel lo regentaba una familia y era muy agradable. Las habitaciones preciosas dando a una terracita particular donde nos encontramos nuestro muñeco de nieve esperándonos. Al llegar justo invitaban a un a aperitivi italiano y pudimos sentarnos en la chimenea a tomarnos un prosecco. ¡No imaginaba plan mejor!

Al día siguiente tocaba esquiar y no lo hacíamos los dos desde hace 4 años y encima aquella vez era la primera vez juntos. La estación era pequeñita casi todo eran pistas azules y rojas y nos tocó un tiempo estupendo. Comimos en mitad de una pista en un restaurante una sopa caliente de hierbas servida en un pan que hacía de sopera y para variar unos tortellini de receta tirolesa con salsa de semillas de cannabis (había que probarlo y no tuvo ninguna consecuencia, podría ser que ya estábamos ciegos de felicidad).

La zona de Bolzano es curiosa. La gente, tanto su fenotipo como caracter, es mas austriaco y suizo que italiano y hablan italiano guiri, alemán o ladino. Nuestro hotel tenía un personal simpático pero más cerradete que lo acostumbrado en Italia. Aún así el trato era exquisito. El restaurante al que podías acceder por un túnel estaba en un edificio al lado con una terraza agradable para comer y descansar un poco. Eso sí: ¡Los desayunos y cenas eran de buffet espectaculares!

El segundo día lo dedicamos a descansar, leer y disfrutar del spa. Sobretodo de la piscina climatizada que abría sus puertas automáticas al pasar al aire libre rodeados de nieve. Encima teníamos delante la impresionante cordillera de los dolomitas.

Así acabamos nuestra luna de miel que si la sueño no podría haber sido mejor que la realidad sobretodo gracias a la compañía.tirler

Escrito en: Italia

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