Indonesia 1/4 | La isla de Sumatra

3 de abril | Por

Después de haber estado dando tumbos fugaces por diferentes ciudades del continentes asiático, en Indonesia aterrizamos teniendo muy claro que queríamos exprimir el país al máximo. Por eso, nuestra filosofía de viaje cambió a ir, como se suele decir, sin prisa pero sin pausa. Entre otras cosas porque era el lugar adecuado para poder hacer de todo, sin que el presupuesto se saliera de madre, y, también para no hacer nada, es decir; leer, escribir y ¿por qué no? dormir la siesta.

Para ubicarnos vendría bien comentar que Sumatra, conocida en sánscrito como Isla de oro es una gran isla, ni más ni menos que la sexta mas grande del mundo después de su vecina Borneo -tercera en el mismo ranking-. Su población es preferentemente musulmana, pero la mayoría de la población batak que fue con la que más coincidimos es cristiano protestante.

_dsc8211

1 – Trekking por Bukit Lawang

Nuestro primer destino dentro la isla de Sumatra fue Bukit Lawang y llegar hasta ahí no fue tarea fácil. Primero tuvimos que coger un bus local desde el aeropuerto al centro de Medan, la capital. Allí, en vez de dejarnos en la estación local de autobuses, nos dejaron en una calle llena de furgonetas que nos cobraban el doble del precio supuestamente justo. Y lo que es peor: sin opción de regateo. Después de desistir en las negociaciones, no nos quedó más remedio que hacer 1 km a pie hasta la estación de autobuses. La furgoneta por la que al fin nos decantamos iba hasta las trancas y con la música indonesia a todo volumen -videoclip incluido-.

Cuando por fin llegamos a Bukit Lawang, después de 3 horas, tuvimos que hacer otros 2 km y medio a pie -cuesta arriba la mayor parte del tiempo- hasta el precioso hotel que habíamos reservado la noche anterior. Si no cogimos tuk-tuk es porque, de nuevo, el precio por la distancia a recorrer era desorbitado. Llega un momento que ya no te fías de nadie y para distancia relativamente cortas prefieres no jugártela.

_dsc8233Bukit Lawang es un pueblo en medio de la jungla donde sus habitantes viven plácidamente gracias al turismo del trekking. El hotel que reservamos en Booking se llamaba Valley Inn y lo regentaba un tal Oviwan. El sitio era espectacular, sobre todo por su localización dando al río y a la jungla. La habitación, sin embargo, dejaba que desear porque ni tenía agua caliente y era poco espaciosa. Vamos, nada fuera de lo normal en Indonesia por los 12 euros por noche que pagamos. Aquel día conocimos a nuestro inseparable -ya sabréis porque lo digo- compañero Tim, australiano de procedencia, pero afincado desde hace unos meses en Malasia.

El primer día nos apuntamos a hacer trekking por la jungla. Aunque la excursión fue cara en comparación con otras cosas -35 euros por cabeza-, sin duda se trata de una actividad obligada y además de que no había mucho turista de por medio, nos mereció la pena porque nos jartamos de ver orangutanes con sus crías y Thomas monkeys. Tuvimos tanta intimidad con ellos que hasta por poco nos mean encima. No es broma.

_dsc8301Hay que reconocer que estas actividades las tienen bien organizadas porque además de guiarte por la jungla en busca de los animales de interés ladera arriba y abajo, te preparan un rico aperitivo de frutas -plátano, fruta de la pasion, sandía y la más famosa de la zona, el rambután- y más tarde, a la hora del medio día, un almuerzo servido en hoja banano de su plato estrella: Nasi Goreng. El cual no deja de ser arroz con pollo o pescado y verduras. Pero oye, olía tan bien y estaba tan rico que hasta los orangutanes amagaban por acercarse de rama en rama para robarnos la comida. Hay uno que lo conocen como Mina, y es famoso por su mala leche. Al parecer está siempre cabreado y es peligroso acercarse a él. Lo que no deja de ser una atracción para los más intrépidos como era, por ejemplo, nuestro querido Tim. Mientras él fue en busca de la rabiosa Mina, nosotros fuimos avanzando hasta un río que conduce hasta una pequeña cascada donde te puedes dar un buen chapuzón. Esto, independientemente de la belleza del paraje, es un lujo bien merecido para contrarrestar el incesante calor que nos tenía sin parar de sudar.

_dsc8430Como guinda al pastel, el trekking incluía un divertido rafting río abajo hasta la misma orilla de nuestro hotel. La gracia del asunto es que se hace con donuts de goma atados por cuerdas, lejos de ser algo parecido a las típicas zodiacs. Lo que son las maletas y las cámaras no acuáticas las meten una bolsa de plástico que atan a los donuts. Si, lo tienen todo más que pensado y tengo que decir que funcionar, funciona. Pero eso no es todo lo que Bukit Lawang ofrece como actividad. Los jóvenes indonesios de allí, si no están trabajando o durmiendo, les fascina hacer deporte y están encantados de invitar a los turistas a que se apunten. Si no llueve echan pachangas de fútbol todas las tardes a las cuatro y si llueve, al lado del río se les puede ver jugar al Takraw, que viene a ser volleyball jugado con los pies. Y aquí no hay quien los gane.

_dsc84992 – Berastegi y excursión fallida al volcán

Después de tres noches de relax en Bukit Lawang, proseguimos recorriendo Sumatra con nuestro inseparable amigo Tim. Nuestra siguiente fue el pueblo de Berastagi (que significa “tierra de arroz”) donde dormimos en un auténtico y verdadero horror de hotel. El peor de todos los que hemos estado con diferencia. La segunda planta tenía un corredor que daba directamente a una avenida y el eco del tráfico que nos llegaba a la habitación producía la sensación de que estás durmiendo en medio de la calle. Insufrible. Además el hotel estaba sucísimo, y tampoco tenía ventanas ni agua caliente, ni toallas, ni papel higiénico. Lo dicho, una pesadilla.

Pero la visita de aquel pueblo era obligada si queríamos visitar el volcán Sibayak, el cuál, para colmo, no pudimos escalar al amanecer por adversidades inesperadas: Verónica se puso enferma. Al final solo subió Tim. Que suertudo el cabroncete. Cuando nos enseñó las fotos del amanecer desde lo alto de aquel volcán, casi se nos saltan las lágrimas. Pero bueno, será por volcanes en Indonesia. Sin embargo, nuestro paso por allí no fue en vano.

_dsc9055La tarde que llegamos tuvimos la oportunidad de pasear por el barrio y perdernos entre sus calles y su gente, que es una de las cosas que más disfruto personalmente cuando viajo. Los niños se te acercan entusiasmados para practicar contigo el inglés o para simplemente seguirte con sus bicicletas mientras se parten a carcajadas entre ellos (lo que inevitablemente hace que te preguntes que será lo que les hace tanta gracia). Después, justo antes del atardecer, curioseamos por el mercado de la fruta e incluso compramos café sin moler para enviárselo, como muestra, a un amigo francés experto en la materia.

_dsc8751
3 – Palau Samosir: la isla dentro de la isla.

Al día siguiente, después de NO ver el volcán -excepto nuestro maravilloso amigo Tim- partimos sin más dilación a la isla de Pulau Samosir en el lago Toba. Especialmente llamativa por ser la primera isla a la que voy que se encuentra, a su vez, dentro de otra isla. ¿Curioso no? Cogimos el ferry que sale desde el agitado puerto de Parapat para llegar alrededor del medio día al hotel Más Cottages. Localizado al borde de la orilla del extremo noroeste de la isla, las vistas desde cada una de sus habitaciones son alucinantes. Desde la misma cama es posible escuchar el ruido de la olas contra el arrecife y contemplar las canoas pesqueras en las proximidades.

_dsc9068Algo característico de este hotel es que muchas de las habitaciones están dentro de tradicionales casas pertenecientes a cultura batak, hechas de madera y de hojalata su rocambolesco tejado. Para cenar, subimos la cuesta en dirección a Ambarita y probamos la cocina de Yolanda Restaurant. Por desgracia los platos típicos de Sumatra no son muy variados y lo peor es que tampoco es que sean recetas sabrosas. Pero afortunadamente, Yolanda Restaurant marcó la diferencia. Alli tuvimos la suerte de disfrutar de la mejor cocina de toda la isla.

Como a nosotros lo que nos va es movernos por libre, pensamos que la mejor manera de conocer la isla sería en scooter. Así que tal como pisamos tierra, alquilamos una para poder recorrer sus turbios 125km de costa desde temprana hora. Lo primero que visitamos fue su museo más famoso, el cual desmerece completamente sus 10.000 rupias indonesias que pagamos por cabeza. Dentro del museo solo hay un puñado de antiguos utensilios de las antiguas tribus batak, que apenas se pueden ver por culpa de los manchurrones y escaso, por no decir nulo, mantenimiento.
_dsc9083
La verdadera aventura comenzó en el momento en el que pinchamos la rueda trasera de la moto. Como el taller donde nos la repararon lo encontramos a unos cuantos metros, la adversidad nos vino casi como anillo al dedo. Allí conocimos a Thomson, un artista fabricante de instrumentos musicales que nos invitó a su casa para mostrarnos sus creaciones. Fue realmente amable porque sin conocernos de nada y sin pedir nada a cambio, nos hizo una puesta en escena de sus habilidades con la flauta acompañado por su hermano a los tambores -creados éstos por su difunto padre hacía 40 años-.
 _dsc9165
De vuelta a la carretera y con mucho más cuidado con los agujeros que minan todo el asfalto, dimos con un restaurante en la pudimos comer algo del lugar. Fue allí mismo donde me di cuenta de lo poco turístico que era aquella isla, y Sumatra, en general. Algo fascinante en estos tiempos que corren, porque nos permitió descubrir la verdadera cultura del lugar sin filtros ni decorados. Llama la atención la cantidad de portentosos altares batak que se sitúan en medio de las verdes y frondosas llanuras o incluso dentro de las parcelas de algunos pacíficos hogares. Igualmente nos sorprendió la cantidad de niños y niñas uniformados, con gorra incluida, de entre 5 y 10 años que andan con sus mochilas hacia un colegio que nunca parecían alcanzar.
_dsc9126
El gran susto del día llegó cuando Tim se cayó de la moto durante un adelantamiento de varios camiones en plena curva a causa de unos de esos inmesos y profundos agujeros. Como por suerte no sufrió nada más que raspaduras y algún que otro moratón, nada nos detuvo para continuar nuestro accidentado roadtrip. Como no hay dos sin tres, la tercera adversidad fue otro pinchazo de la misma rueda de la misma moto. Esta vez se tomaron más tiempo en resolver el infortunio porque, a diferencia de la otra ocasión, en el segundo pinchazo reventamos la goma durante la búsqueda de un taller que todos nos señalaban cerca desde el arcén, pero que a nosotros nos pareció encontrar en el quinto pino.

nuez de betel, gasolina, simetria, vejezSerá de deformación profesional pero nos alarmó ver la cantidad de gente que masca nuez de betel o areca, como venía a ser la mujer del mecánico que nos ofreció agua al llegar. Según leímos lo mascan por sus propiedades estimulantes y es fácilmente llamativo porque la gente que lo consume tiene irremediablemente los labios y la lengua tan roja que parece que se están desangrando. Sin exagerar.

Problema resuelto, volvimos a empuñar el acelerador de la scooter ya con el sol rozando el horizonte. Justo antes de ascender las montañas del sur de la isla, celebramos poder presenciar la matanza de un cerdo durante lo que parecía ser una celebración. Nos halagó que nos invitarán pero nosotros ya teníamos nuestro particular festín en Yolanda Restaurant a las 19:30, reserva a la cual llegamos tarde porque para más índole, el despistado Tim se quedó sin gasolina – también tuvo culpa la moto que no le funcionaba la aguja del marcador-. Así que no me quedó más remedio, que hacer 5 kilómetros de curvas para poder repostarle durante un alucinante atardecer entre montañas que tanto Vero como él SÍ que pudieron disfrutar -a veces no me reconozco lo bueno que soy ;)-

_dsc9200Desde allí hicimos los otros cómodos 22 kilómetros restantes en plena noche y tiritando del frío de la jungla hasta el parking del hotel. Al llegar al restaurante, todos congeladitos y el pobre Tim con cara de haber sido casi atropellado por un camión, devoramos el delicioso y esperado pollo de corral de Yolanda, el cuál nos quitó todas las penas.

A la mañana siguiente nos levantamos con algo de prisa porque teníamos que devolver la scooter que no pudimos entregar la noche anterior debido a nuestra demora. El hombre intentó cobrarnos más por el retraso pero no cedimos ni una rupia. Al fin y al cabo, estábamos allí de pie a las 9 de la mañana. De lo que no pudo librarse Tim es de pagar un suplemento por haber torcido el manillar de su scooter en la caída. Pasadas las horas cogimos el barco que nos recogió justo enfrente de nuestra habitación hacia Parapat, y de allí un minibus hasta el aeropuerto de Medan por 100.000 rupias. Cuando llegamos lo primero que hicimos fue comprar el billete hacia Java, nuestra siguiente isla. Esa noche fue una paliza para el body porque la pasamos en el mismo aeropuerto, ya que el vuelo salía a las 5am y los hoteles más cercanos quedaban lo suficientemente lejos como para que nos mereciera la pena pagar su estancia. A pesar de ello pasamos una buena noche en unos magníficos asientos de una zona del aeropuerto habilitada para la ocasión.

Escrito en: Indonesia

Mostrar comentarios (0)