fotografía

Fundacion Cerro Verde

El proyecto realizado en la aldea de Cerro Verde, consta de un conjunto de fotografías y montajes audiovisuales que exponen la convivencia entre los nativos y los voluntarios de la Fundación Cerro Verde en base a la superación personal para el bien de la comunidad.

Mis ganas por desarrollar mi espíritu creativo, un día desembocaron en un proyecto que me permitía fusionar mi pasión con mi profesión. Dicho proyecto se desarrolla actualmente en una pequeña aldea al sur de Honduras llamada Cerro Verde y en líneas generales la misión en la que estoy mas involucrado es dando asistencia odontológica a la población que allí reside. Paralelamente a mi colaboración como odontólogo, mi interés por capturar la esencia del lugar y el calor de su gente me impulsaron a tomar fotografías y fotogramas por partes iguales. La primera vez con una prestada Canon 5D y en la segunda ocasión con mi Sony alpha 7s.

La posibilidad de poder desarrollar un proyecto sanitario, me ofreció la oportunidad de adentrarme con mucha mas comodidad en la vida de sus gentes. Siempre con la cámara a las espaldas y únicamente cuando la consulta me da un respiro, aprovecho cualquier ocasión para estar presente en aquellos lugares donde los voluntarios están trabajando y, por tanto, conviviendo con los nativos. Ya sea durante la asistencia médica, durante las clases en la escuela con los niños, en las obras de la instalación de los diques de agua o incluso en los talleres de costura. Sin duda alguna el contacto con la cultura y la tradición del lugar fueron inevitables y creo que eso se evidencia muy bien en la serie fotográfica. De hecho, ese es mi handicap constante tras cada disparo. Dicho de otra manera, mi voluntad por sumergirme en los proyectos de la Fundación no es más grande que el de recoger instantáneas sobre las costumbres de los habitantes.

Lo curioso es que a pesar de todo lo que da el equipo al completo y cultivamos en educación, higiene, tecnología, etc, cada vez que volvemos, somos nosotros los que tenemos la sensación de haber recogido el fruto de cada experiencia. Precisamente esa vida que pasa delante de nuestros ojos mientras nosotros hacemos planes. Y es que esa aldea, compuesta por tan solo quinientas personas, es una lección en si misma que, en definitiva, me ha inspirado a construir mi futuro sobre tierra firme, dando rienda suelta a mis sueños con la certeza de cuales son las cosas por las que hay que preocuparse en realidad. Solo por eso diré unas vez más: Gracias Cerro Verde.