El baúl del viajero | Buenos Aires

18 de febrero | Por

Mi hermano Francho tiene 18 años menos que yo, de hecho soy su padrino, pero su profesión de periodista le hace enfocar los viajes desde un punto de vista diferente. Tiene amigos en todos lados y eso es muy importante para conocer a fondo los lugares. Fue corresponsal en Bruselas durante 7 u 8 años, y aquel clima tan gris lo estaba aplastando poco a poco. Un año decidió ir de vacaciones a Brasil y me propuso ir juntos. Por supuesto no lo dudé un instante y tras convencer a mi mujer de lo “inofensivo” del viaje y lo adecuado de la compañía: allá nos fuimos. Pero nuestro periplo comenzó en Buenos Aires.

buenosaires_elserviajero Foto de buenosaires.ar

Francho quería saludar a unos amigos y aprovechamos la ocasión. La capital argentina es la más europea de las capitales sudamericanas. Por momentos puedes creer que estás paseando por Barcelona o que te has despistado caminando por Madrid. Pero es una sensación momentánea, porque en cuanto te sientas en uno de sus innumerables cafecitos y te atiende el camarero con ese acento tan embaucador y el dominio del castellano que tienen los argentinos, te das cuenta de tu ubicación. Era la época del corralito argentino y el gobierno, sin contemplaciones, había confiscado los ahorros y las cuentas corrientes de los ciudadanos y las estrecheces económicas eran la norma diaria. Cualquier anciana con ganas de conversar, lo cual es moneda corriente, te daba una lección de economía en la cola de la panadería, que te dejaba atónito. Unos años más tarde hemos vivido una situación similar en España, y yo recordaba aquel viaje, porque cualquier hijo de vecino sabía como estaba la prima de riesgo o el diferencial con el bono alemán a 10 años. Como botón de muestra podéis ver el corto Hablando en plata, de Producciones Varadas, donde se refleja con mucho humor lo que os cuento.

6212344528_cfdb317f63Foto de Miguel Vieira

Florencia y Martín, los amigos de Francho, nos dieron alojamiento y calor humano en el invierno austral. Ambos trabajaban y nosotros aprovechábamos para ver la ciudad. Paseamos por Corrientes, arteria vital y comercial de la ciudad donde comimos en un italiano una milanesa napolitana que jamás olvidaré, hasta llegar a la avenida 9 de Julio con su famoso obelisco, impresionante por ser la más ancha del mundo. O visitar el Teatro Colón, templo de las artes en Argentina donde quede maravillado no sólo por la grandiosidad del edificio sino también por los almacenes y talleres de decorados, las salas de ensayo repletas de músicos en acción o levitantes bailarinas. Imposible conseguir boletos para los días que estuvimos allí. También me topé con otro teatro, pero esta vez repleto de libros; la librería El Ateneo. Está en la avenida Santa Fé y de donde, si te guste la lectura, es imposible salir en toda la mañana. Todo el patio de butacas repleto de estanterías así como los palcos y anfiteatros, libros clasificados por temas y disciplinas y el escenario con amplios sofás y butacones donde sentarte plácidamente a leer y tomar un café, mientras un grupo de jazz o música clásica te deleita los oídos con música suave.

Como digo, estuve medio día escudriñando estanterías buscando Las Empresas y Tribulaciones de Maqroll el Gaviero, del colombiano Alvaro Mutis. Este novelista colombiano, creador de universos fantásticos, tiene ascendencia gaditana, pues su bisabuelo Don José Celestino Mutis, eminente botánico, era de Cádiz, como yo. Para mí decepción no lo encontré, así que tuve que conformarme con El Aleph de Jorge Luis Borges, que conservó con cariño y, aunque lo he leído dos veces, todavía no me he enterado de nada. Y hablando de emblemáticos cafés, el Tortoni en la Avenida de Mayo, donde rodeados de luces y espejos, tertulianos e intelectuales de todas las épocas se han reunido siempre alrededor de un café o para escuchar unos tangos. El Tortoni está muy cerca de la Plaza de Mayo donde además de la Casa Rosada, sede de la presidencia del gobierno, se reunían las célebres madres y posteriormente abuelas de dicha plaza durante años y años para reclamar la devolución de sus hijos y nietos desaparecidos en los años de la dictadura argentina.

capture-decran-2014-10-04-a-224625.pngFoto vista en Sofoot

La noche bonaerense esta llena de sorpresas. Martín, el amigo de Francho, es gerente de un bar de copas en el barrio de Los Pajaritos. Por supuesto acudíamos cada noche al garito donde conocimos algunos personajes memorables. Como aquel abuelo que con atuendo atildado y acento hipnotizador, nos contaba historias inverosímiles de contactos con alienígenas que nos dejaban con la boca abierta, mientras el tipo achicaba pelotazos sin compasión a nuestra cuenta, por supuesto. Una de esas noches pasó en blanco y a la tarde siguiente, cuando todos habían ido cayendo a mi alrededor como en una batalla, con la ponosis mental del trasnocheo, después de zamparme un delicioso plato de pasta, me enfundé una camiseta del River Plate, cogí un taxi y me fui al estadio para ver un River – Nueva Chicago. Si vas a Argentina no dejes de ir al fútbol aunque te importé un rábano. Pero ten cuidado. Me quisieron estafar un par de veces al comprar en la reventa, y probablemente lo hicieron, pero sin hacer sangre. Creo que ganó el River, pero el espectáculo estaba en la grada. Yo estaba en una tribuna baja y la barra brava (los ultras en Argentina), del Nueva Chicago estaba en la tribuna alta justo encima mía. En determinado momento del partido la cosa se calienta y ambas aficiones empiezan primero a lanzarse improperios e insultos en lunfardo (dialecto barriobajero bonaerense) de los que no entendía nada y después directamente los asientos de la grada. Aquello parecía Vietnam en su mejor época de la guerra, pero, ¡¡la gente parecía pasarlo de miedo!! Y yo, con la medio borrachera que llevaba, también.

tango_buenosaires_elserviajeroFoto vista en paraviajante.com

Marcharse de Baires sin oír un tango es imperdonable. Con el espíritu periodístico e investigador de Francho, localizamos un local llamado La Catedral. Perdido en un suburbio, aquello era una antigua fábrica o almacén con uno de los decorados más trastabiliarios (palabro compuesto de trasto y mobiliario), que haya visto jamás. No había una silla igual a otra, la barra estaba fabricada a base de muebles y aparadores antiguos y era complicado encontrar dos vasos del mismo juego. Pero en el escenario, realmente destartalado y a punto de caerse, la orquestina tanguera, con el bandoneón al mando, desgranaba los acordes de un tango de arrabal, mientras las parejas se ajustaban en la pista de baile y realizaban sensuales piruetas y pasos de baile. Jamás he sentido tanto no saber bailar.

Una noche me metí en un cine. Tenía mucho interés en ver Cidade de Deus, de Fernando Mireilles, película que relata hechos reales que ocurrieron en la favela homónima de Río de Janeiro. Mi portugués de entonces era bastante limitado, (lo cierto es que ahora tampoco es nada del otro mundo, pero me desenvuelvo), sin embargo me dio para comprender hacia donde me dirigía. El susto desde luego me lo metió en el cuerpo, aunque después afortunadamente no fue para tanto. De hecho, no fue para nada de nada.

Viaje PATAGONIA 016Este soy yo con un profesional en la materia

Para los carnívoros Argentina es el paraíso. En el barrio de San Telmo, andábamos viendo anticuarios y nos llegó la hora de comer. Preguntamos en una de las tiendas y el dueño, muy amable nos dijo que teníamos al lado el restaurante donde servían la mejor carne de Buenos Aires. Su nombre La Brigada. Los dos supusimos que sería una exageración, hasta que nos sirvieron un espléndido bife de lomo. Pero lo que nos dejó estupefactos fue que el camarero al trocearlo: lo hizo con dos cucharas. Así de tierna y deliciosa estaba aquella carne que acompañada de un buen vino de Mendoza, hizo aquel almuerzo inolvidable.

bar_buenosaires_elserviajeroFoto de nellyrezz

Pero bueno, lo cierto es que íbamos para Brasil, pero este ejercicio de memoria que supone el relato de un viaje es como el hilo de Ariadne: comienzas a tirar del cabo y no sabes donde acaba la madeja. En Buenos Aires, Francho y yo nos separamos, el voló directo a Río de Janeiro y yo a Ciudad del Este, Paraguay, para visitar las cataratas de Iguazú. Pero esa es otra película que prefiero dejar para otro capítulo. ¡¡Y es que Buenos Aires da para mucho!!

Escrito en: El baúl del viajero

Mostrar comentarios (0)