Paseando por las capitales de Asia (I): Bangkok

2 de noviembre | Por

Al dejar Nepal atrás tocaba elegir destino y rehacer nuestro plan A con el único objetivo de hacer lo que quisiéramos y como quisiéramos ya que no teníamos ni prisa ni obligación. Así que decidimos hacer un zig zag en Asia y así evitar al máximo el monzón. Es lo que tiene dar la vuelta al mundo sin plan predeterminado. El mapa es nuestro. Es, como dijo un amigo mío, como volar. Y eso hicimos. Volar entre capitales asiáticas, viviendo el contrate entre países tan diversos y exóticos para occidentales como nosotros como son Tailandia, China y Japón. Viajar en dos semanas por esos tres países no está falto de contrastes. No sólo pasamos de utilizar una moneda y escuchar un idioma a otro si no que el cambio de culturas es una experiencia increíble. Pasamos del budismo en el seno de la diversión desenfrenada tailandesa al fengshui en la más cosmopolita urbe china y de esta a la seriedad respetuosa y, a la vez, excéntrica de la bella Japón.

Nuestro primer destino fue Bangkok, más tarde Hong Kong y después descansar una semana en Tokyo. Nos llueva o no, siempre serán destinos para poder disfrutar con un buen paraguas!

BANGKOK, la urbe tailandesa.

Una de las cosas que caracteriza a los países del sudeste asiático y a Asia, en general, es el llamado rickshaw, ese método de transporte especialmente diseñado para el turista que, en cuanto lo ves, ya te sientes en tu película viajera y empieza tu relación amor – odio entre ser un guiri o conseguir viajar como un local. Te dejas embaucar y, tras el divertido regateo con el local de turno, tú siempre pierdes aunque te hagan pensar lo contrario. En Bangkok, los rickshaws llamados tuk-tuk, son de color rosa fosforito y todo lo hortera que te puedas imaginar, con luces de neón y sillones plastificados.

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Bangkok es la ciudad por antonomasia del turista, pero por ello no deja de estar llena de templos con gran espiritualidad, llamados Wat. En dos días puedes recorrerte los más importantes de la ciudad. Así lo hicimos, mediante regateo en un tuk tuk o pateando si el calor nos lo permitía. Gracias a que comenzaba el monzón, el calor se alternaba con lluvias que refrescaban el ambiente y eso nos ayudó. Nos alojamos en un hotelito en el centro antiguo que estaba muy bien ubicado. Podías ir andando al Wat Intharawihan y de ahí hacer la ruta de la zona antigua a pie.

El primer día, como hizo realmente malo, nos dedicamos a la búsqueda y captura de gangas en el centro comercial MBK en la zona de electrónica. El MBK está en la zona moderna de la ciudad. Es un centro comercial de siete plantas. La verdad que no tiene el encanto de los mercadillos y se podría decir que la calidad de las cosas deja mucho que desear. Después nos dimos un buen pateo fotográfico nocturno hasta terminar el día en Chinatown donde nos quedamos a cenar. Pusimos rumbo a la calle de Yaowarat, una de las principales del barrio chino. De ella parten callejuelas, llamadas sois, muy ambientadas, con puestos callejeros donde puedes cenar muy barato comida local riquísima. Nos tomamos unos pad thai de pollo que son unos fideos fritos hechos al estilo wok con verduras, brotes de soja y huevo, unos rollitos thai de verduras y unos pinchos de cerdo satay, que son pinchitos marinados con leche de coco y cúrcuma y otros muchos ingredientes, todo acompañado de un zumo de fruta de la pasión. La cocina tailandesa, aunque pueda parecer más de lo mismo ya que se basa también en arroz y pollo, tiene su sabor característico y mucha variedad de platos combinando ingredientes con cinco sabores: dulce, picante, agrio, amargo y salado. Y después de tanto arroz en India y Nepal introducimos felices los noddles en nuestro menú diario. En las callejuelas de Chinatown hay infinidad de puestos desordenados de comida, zumos y frutas. Los restaurantes tienen sus cocinas a la vista, en la misma calle y los de pescado te muestran en grandes peceras sus productos frescos. Alguno, de vez en cuando, echaba candela al fuego y enormes llamaradas iluminaban la calle.

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Uno de los restaurantes tenía una interminable cola para entrar, suponemos que debido a que había sido nombrado el mejor restaurante del 2016. Era curioso porque consistía en un edificio de balcones y las comandas se subían a través de cestas desde la cocina que estaba literalmente en la calle. Una vez preparadas, los camareros las subían a las diferentes mesas. En chinatown te topas con todo tipo de curiosidades, vas mirando como un niño pequeño en la planta de juguetes.

Nos volvimos dando un buen paseo a nuestro hotel llamado Swana hotel en la zona céntrica antigua, haciendo parada en la legendaria Khao san road. Esta calle suscita amor y odio, está repleta de bares, muchos con música en directo, de restaurantes y locales de masajes, algunos al aire libre donde te puedes regalar un masaje por ejemplo de pies después del largo día de caminata. La verdad que a mí sí me gusta pasear y tomarme una cerveza o un cocktail y ver el ambientillo viajero que te encuentras por allí. Algo que no es muy de mi agrado, pero si que la primera vez que fui incluso lo probé, son los puestos de insectos fritos. Nos topamos con dos mujeres que me miraban muertas de risa por mi cara de terror mientras se jalaban un buen plato a dos manos.

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_dsc6164Al día siguiente tocaba hacer ruta de templos. Tuvimos la gran experiencia de ser timados por un tailandés a pesar de ir avisados y seguros de que no nos pasaría. En Bangkok hay que tener cuidado con los timadores de los tuk-tuk porque te acechan continuamente y mienten más que hablan. Forma parte de la ¨gracia¨ de visitar la ciudad. Tampoco es que te arruines por el timo pero da mucha rabia que te tomen el pelo.

Hicimos parada obligatoria, sin la que no soy persona y determina mi humor del principio del día, en un sitio para tomar el “gran Desayuno”. Marcos eligió uno occidental, y muy bien, Snooze coffee and shop, que estaba todo riquísimo. Aquí como en Asia, en general, desayunan lo mismo que comen, arroz o nooules y, la verdad, tampoco soy yo tan auténtica como para integrarme de esa manera. Entre templo y templo nos adentrábamos por las callejuelas para ver la vidilla de la capital tailandesa. Nos llamó mucho la atención como algunas de estas están llenas de humildes casas en plantas de garajes abiertos de par en par pudiendo observar la forma de vida de los de allí. Algunos almacenan de todo sin orden y se recuestan en colchonetas en calzones a la vista de todo transeúnte, eso sí tienen vistas espectaculares a algunos de los templos. De vez en cuando alguno adornaba su puerta, por llamarlo de alguna manera, con plantas en maceteros hechos con neumáticos. Por otro lado, en esas mismas calles, encontramos unos pequeños puestos con fotos de andar por casa y unos textos en tailandés. Llegamos a la conclusión que eran para leerte el futuro, pero solo para locales, ya que ni papa de inglés.

_dsc6181El primer Wat que visitamos fue el Wat Intharawihan, también conocido como Standing Buda o Templo del Buda de pie en español, que aloja un Buda de 32 metros de largo por diez de ancho que, por lo visto, hicieron falta más de sesenta años para finalizar su construcción. La verdad que aparte de lo bonitos que son los templos, al entrar en ellos puedes disfrutar de acercarte más a la cultura religiosa del país y también de más de una estampa curiosa. Dentro del primer Wat que visitamos nos cruzamos con muchos turistas, con algunos monjes budistas con sus vistosas túnicas naranjas y con todo tipo de ritos o supersticiones. Como, por ejemplo, un señor vendiendo jaulas de pájaros para liberar. En ese momento tres personas se compraron y tras una serie de rezos abrían la puerta de la jaula como parte del rito y ponían a los pajaros en libertad con la convicción de que entonces se cumplirían sus deseos. Otro rito que ves en los templos es el de echar monedas en los cuencos que tienen en mesas, también con la intención de atraer la buena suerte.

_dsc6216Continuamos la ruta con la visita al Marble Temple o Templo de Mármol llamado WAT BENCHAMABHOPIT. Este templo es especialmente bonito y como su nombre indica de una riqueza importante, construido de mármol, por lo visto, italiano. También destaca por sus preciosos jardines con canales de agua donde se ven unos peces enormes a pesar de no ser unas aguas cristalinas.

Continuamos la ruta hacia el Templo del Monte Dorado o WAT SAKET. Este templo tiene la peculiaridad que está en una colina artificial. Hay que subir una escalera de más de 300 escalones que te da la bienvenida con la estatua de los tres monos sabiosEsta estatua de origen japonés hace alusión al miedo o a la discreción en el ser humano. La subida al templo es un camino con abundante vegetación, cascadas, flores y campanas en mitad del recorrido que invita a todo turista a darle sonido al templo. El templo en sí no es especialmente bonito, pero pudimos ver el rito al rezar y las ofrendas que realizan mediante incienso y unas flores muy bonitas. Curiosamente en este templo había un cartel de no descalzarse a pesar de que lo habitual para entrar en un templo es cubrirse y entrar descalzo.  Este templo tiene una panorámica muy buena de la gran ciudad.

_dsc6297Una vez servida la ración de templos del día volvimos a la zona moderna en Silom para ir a otra de las grandes atracciones de esta ciudad: los mercadillos. En el camino pudimos ver aerobic al aire libre en grupo que hacen en los grandes parques de la ciudad. Es un ambiente muy animado y se une a la buena moda del deporte social que da muy buen rollo. Nos quedamos paseando por los alrededores de Siam Square, haciendo fotos y viendo mercadillos de la zona. La verdad que esta ciudad es un placer para los amantes de la fotografía nocturna y urbana. Encontramos todo tipo de gangas y algo curioso es que venden mucha ropa imitando la ropa de Zara con etiqueta falsa. En la zona más moderna en la que encontramos con una calle de foodtrucks, apto para todos los gustos, pero algunos de ellos muy conseguidos. Terminamos comiendo algo por allí en puestos locales callejeros y después subimos a tomar un cocktail en la torre más alta de la ciudad: Baiyoke Tower. Las vistas desde allí son alucinantes y te haces a la idea de la megaciudad en la que estás. Sin embargo, el cocktail bar deja mucho que desear.

La espalda a la ciudadania

El ultimo día aprovechamos para visitar otros templos. Habíamos dejado lo mejor para el final: el Wat Po y el Templo del Amanecer, ambos a las orillas del río Chao Praya aprovechando para dar un paseo por el río y ver la panorámica desde allí. Visitamos el Wat Arun o Templo del Amanecer o de la Aurora. Es enorme y está lleno de estupas decoradas con porcelana preciosa. La estupa más alta es impresionante y la puedes ver iluminada por la noche desde lejos. En mi opinión, ésta es de las imágenes mas bonitas que te regala esta ciudad.

_dsc6487Continuamos hacia el Wat Po o Templo del Buda Reclinado. Es un templo precioso que aloja en su interior un buda de unas dimensiones casi cercanas al interior del templo, dejando literlamente unos pasillos a su lado para contemplarlo. Mide 46 metros de largo y 15 de ancho y las plantas de los pies son una obra de arte de incrustaciones de piedras preciosas que en ese momento las estaban restaurando. El recinto es también bonito en sí, lleno de pagodas y estatuas y más de mil budas. Aloja la escuela de masajes más antigua de la ciudad, pero no tuvimos el placer de probarla.

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Al final del día nos acercamos al Palacio Real. Es enorme y es visita obligada en Bangkok, pero era el día del Buda y aquello parecía la feria. Así que nos conformamos con pasear por el exterior y no hacer semejante cola. Ese día nos dimos un homenaje culinario de padthai tanto en la comida como en la cena en puestos callejeros.

Tras tres intensos días nos marchábamos como siempre con ganas de más. Y con razones para volver como por ejemplo para visitar los mercados flotantes o ver un espectáculo de Muay thai entre otras muchas cosas que esta entretenida ciudad te ofrece. En definitiva, Bangkok es una ciudad en la que conviven los extremos en armonía. La espiritualidad y belleza de templos contrasta con la diversión desenfrenada, a veces bohemia y otras peculiar, de mochileros y adinerados. La cultura del masaje, que está tan arraigada o incluso más que la religión, presente en el interior de un templo. La hospitalidad de la gente abierta al turismo convive con el intento continuo por parte de algunos de timar al turista. Los espectaculares e innumerables dudas admirados por sus numerosos visitantes invadiendo el silencio espiritual del templo. Los puestos de riquísimos pad-this se alternan con los de insectos rebozados, que casi no puedes mirar ni de reojo. Definitivamente no te puedes aburrir. Hay que vivirlo.

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Escrito en: La historia, Tailandia

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